Australia y Bora Bora: La Luna De Miel de Olivia y Pablo

  • LA NOVIA · HISTORIA DE VIAJE
 

Cuando Pablo y yo empezamos a hablar de la luna de miel, yo tenía una sola certeza: no quería un viaje sacado de un catálogo. No sabría explicar por qué, pero la idea de hacer lo mismo que habían hecho otras cien parejas me quitaba toda la ilusión. Lo que no imaginaba era hasta qué punto se podía diseñar un viaje pensado solo para nosotros dos.

Australia apareció casi como un atrevimiento. Está lejísimos, es enorme, y yo apenas sabía nada más allá de cuatro postales. Y precisamente por eso me enamoró antes de subir al avión: porque era un salto al vacío que íbamos a dar juntos.

Melbourne fue el primer golpe. Calles llenas de arte urbano, cafeterías escondidas, mercados con historia. Una guía nos enseñó la ciudad en español, sin prisa, contándonos las cosas que no salen en ninguna app. Y luego recogimos el coche y nos lanzamos por la Great Ocean Road. Recuerdo el momento exacto: el océano a un lado, los acantilados infinitos, Pablo conduciendo y yo con la ventanilla bajada pensando que la aventura empezaba de verdad ahí.

«Yo no quería un viaje de catálogo. Lo que no imaginaba era que se podía diseñar uno solo para nosotros».

Pero si tengo que elegir un lugar, elijo Uluru. Hay sitios que impresionan por bonitos y otros que te emocionan por lo que transmiten, y Uluru es de los segundos. Ver el sol convertir aquel monolito en una paleta de rojos, en silencio, junto a lugares sagrados de la cultura aborigen, fue de esas cosas que cuesta contar sin que se te quiebre un poco la voz. Al amanecer descubrimos Kata Tjuta, con el viento como único sonido entre las rocas. Nunca me había sentido tan pequeña, y de una forma buena.

 

Olivia · Australia y Bora Bora · primavera 2025

 

  • EL NOVIO · HISTORIA DE VIAJE
 

Voy a confesar algo: yo era de los que pensaban que organizar un viaje uno mismo era parte de la gracia. Mapas, foros, horas comparando hoteles. Esta vez no tuve tiempo —la boda se come todo— y acabé llamando a Narita medio rendido. Me fui convencido.

Lo que más me sorprendió fue que no me vendieron un destino. Me hicieron preguntas. Cómo viajábamos, qué nos aburría, qué queríamos sentir al volver. De esa conversación salió un itinerario que mezclaba cosas que yo jamás habría juntado: desierto, selva y ciudad en el mismo país.

Después de Uluru cambiamos el rojo del Outback por el verde de Cairns. Nos alojamos en el Silky Oaks Lodge, metido en plena selva tropical, un refugio de lujo del que no querías salir y del que, a la vez, salías cada día a algo increíble. Buceamos en la Gran Barrera de Coral, hicimos snorkel en agua que parecía mentira y nos adentramos en la selva de Daintree, uno de los bosques más antiguos del planeta. Para mí, que me aburro en una playa si no hay nada que explorar, fue la combinación perfecta.

«No me vendieron un destino. Me hicieron preguntas. Así se diseña una luna de miel de verdad».

Y luego Sídney, el broche urbano. La bahía, la Ópera, el Harbour Bridge, Bondi Beach, otra visita privada en español para enterarnos de verdad de lo que veíamos. Después de tanta naturaleza, agradecí pasear sin mirar el reloj. Pensé: una luna de miel también es esto, poder no hacer nada y que esté bien.

 

Pablo · Australia y Bora Bora · primavera 2025

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