Hay destinos que visitas una vez y sientes que ya los conoces. Y luego está Argentina.
Un país tan inmenso, tan diverso y tan lleno de contrastes que, cuando terminas de recorrerlo, entiendes por qué muchos dicen que Argentina es un país lleno de países.
Aquí las distancias son enormes. Es un destino en el que inevitablemente hay que tomar varios vuelos domésticos para descubrir toda su riqueza. Si no disfrutas volando, quizá no sea tu viaje ideal. Pero si decides darle una oportunidad, descubrirás un lugar que tiene la capacidad de quedarse contigo para siempre.
Con 39 parques nacionales, Argentina es uno de esos destinos donde la naturaleza siempre tiene la última palabra. Y precisamente por eso es perfecto para quienes buscan un viaje a medida, lleno de paisajes únicos, hoteles extraordinarios y experiencias difíciles de olvidar.
Mi viaje comenzó en Iguazú, alejándome en un lugar realmente excepcional: el Gran Meliá Iguazú, el único hotel situado dentro del Parque Nacional.
Puede parecer un detalle más, pero marca completamente la experiencia.
Dormir dentro del parque significa poder disfrutar de las cataratas cuando los visitantes ya se han marchado y volver a recorrerlas antes de que abran sus puertas al público. Es un privilegio que transforma la forma de vivir Iguazú.
Todavía recuerdo la sensación de entrar en el hall del hotel y encontrarme frente a frente con las cataratas. La bruma elevándose sobre la selva, el sonido constante del agua y esa inmensidad que parece imposible de describir. Hay momentos en los que sobran las palabras y basta con quedarse mirando.
Si alguna vez viajáis hasta aquí, mi recomendación es clara: elegid una habitación con vistas a las cataratas. Despertar con ese paisaje es uno de esos pequeños lujos que hacen inolvidable un viaje.
Y al caer la tarde, un aperitivo en el rooftop del hotel, con las cataratas iluminadas por la luz del atardecer, se convierte en el primer gran «wow» del recorrido.
Al día siguiente llegaron las pasarelas y, por supuesto, la Garganta del Diablo.
Podría hablar de cifras, de los más de 1.500 metros cúbicos de agua que caen cada segundo, pero ninguna consigue transmitir lo que se siente al estar allí. Frente a semejante espectáculo entiendes lo pequeño que es el ser humano y lo inmensa que puede llegar a ser la naturaleza.
Y esa sensación me acompañaría durante buena parte del viaje.
Otra experiencia absolutamente imprescindible es navegar en los tradicionales gomones por el río Iguazú hasta situarte bajo las propias cataratas. Terminas completamente empapado, riendo sin parar y preguntándote por qué no lo hiciste antes.
También tuve la oportunidad de sobrevolarlas en helicóptero desde el lado brasileño. Ver desde el aire cómo las cataratas dibujan la frontera natural entre Argentina y Brasil es una imagen que permanecerá conmigo para siempre.
La siguiente parada me llevó a uno de los rincones más sorprendentes de Argentina: los Esteros del Iberá.
Aquí me alojé en Rincón del Socorro, un lodge muy especial fundado por Douglas Tompkins, creador de The North Face, dentro del extraordinario proyecto de conservación y recuperación de ecosistemas conocido como rewilding.
Es uno de esos lugares donde la naturaleza marca el ritmo de cada día.
Durante los safaris descubrí una fauna fascinante: capibaras —o carpinchos—, yacarés, ñandúes o incluso el yaguareté. Me hacía gracia comprobar cómo muchos animales tienen dos nombres, el argentino y el castellano, y nunca sabías exactamente cuál iba a mencionar el guía.
Uno de los momentos más especiales fue sobrevolar los esteros en avioneta.
Desde el aire, el paisaje me recordó inevitablemente al delta del Okavango, en Botsuana. Nunca imaginé encontrar una imagen tan parecida en Sudamérica.
Fue uno de esos instantes en los que simplemente te sientes afortunada por estar allí.
Después llegó El Calafate.
Y sin saberlo, estaba a punto de vivir una de las experiencias más impactantes de toda mi vida.
Antes de visitar el Glaciar Perito Moreno, recomiendo pasar por el Glaciarium. Comprender cómo nacen, evolucionan y se mueven los glaciares hace que, cuando finalmente te encuentras frente a esa inmensa pared de hielo, la experiencia cobre aún más sentido.
Pensar que ese hielo comenzó a formarse con la nieve caída en tiempos de la llegada de Colón a América resulta difícil de asimilar.
Caminar sobre el glaciar con crampones fue otro de esos momentos que nunca olvidaré. Al principio cuesta encontrar el equilibrio, pero unos minutos después solo piensas en disfrutar de un paisaje que parece sacado de la Antártida.
La Patagonia argentina es viento, silencio, frío en la cara, lagos de un azul imposible, montañas nevadas y una naturaleza que te recuerda constantemente lo insignificantes que somos frente al planeta.
También navegué por el Lago Argentino hasta el Glaciar Spegazzini, disfrutando de una experiencia muy especial desde la cabina del capitán. Navegar entre icebergs mientras contemplas algunos de los glaciares más espectaculares del mundo es un auténtico privilegio.
Quise dejar Buenos Aires para el final.
Y creo que fue la mejor decisión.
Es una ciudad que merece mucho más de una visita.
Muchas veces pensamos en ciudades como Nueva York, Londres o París cuando imaginamos grandes capitales culturales, pero Buenos Aires tiene una personalidad absolutamente única.
Cada barrio parece una ciudad distinta. Librerías históricas, teatros, cafés centenarios, galerías de arte, parques, mercados de antigüedades… Es una ciudad que invita a caminar sin rumbo y dejarse sorprender.
Hay momentos en los que me recordaba a Madrid. Otros a París.
Y después volvía a ser simplemente Buenos Aires.
No puedo terminar este viaje sin hablar de su gastronomía.
En Argentina comer bien no es una opción; es parte de su identidad.
Los asados, la calidad de sus carnes, la pasión con la que viven cada comida y una cultura gastronómica profundamente arraigada hacen que cada restaurante sea también parte del viaje.
Y, por supuesto, están sus vinos.
Aunque en esta ocasión no pude visitar Mendoza, ya forma parte de mi lista de próximos destinos, junto a Ushuaia, Salta o Bariloche.
Porque eso es precisamente lo que tiene Argentina.
Cuando crees que ya la has descubierto, te das cuenta de que apenas has empezado.
Y entiendes que no es un destino para visitar una sola vez, sino un país al que siempre querrás volver.
Por Pilar Guijarro, Directora de Narita Travel Designer.
Narita
Información
La experiencia de un viaje único.
©2026 Narita Viajes. Todos los derechos reservados.